Psicoterapia Experiencial y Transpersonal
La psicología Transpersonal y La psicología Experiencial de Eugene Gendlin, se enmarcan dentro de la corriente Humanista.
Considera temas como:
- las experiencias cumbres (que
—según el psicólogo estadounidense Abraham
Maslow (1908-1970)— son estados de interconexión y unificación
espiritual),
- experiencias místicas,
- trances sistémicos,
- experiencias metafísicas de
vida.
Si bien los
caminos que se pueden tomar a partir de esta síntesis son varios (dependiendo
de las concepciones psicológicas y espirituales que se integren), el objetivo
principal de la psicología transpersonal sería que los seres humanos
trasciendan el sentido de sí mismos, para lograr identificarse con una
conciencia mayor.
El psicólogo
estadounidense Ken Wilber (1949-) distingue tres niveles en el
desarrollo de esta conciencia:
- El nivel prepersonal: es el
momento de desarrollo en que los seres humanos aún no tienen conciencia de
su mente (bebés pequeños, que todavía no tienen una teoría de la mente)
- El nivel personal: que se alcanza
cuando el niño toma conciencia de que es una persona que piensa, diferente
a otros.
- El nivel transpersonal: el nivel
que se alcanza por medio del desarrollo espiritual, y que consiste en
trascender la identificación con el cuerpo y la mente, para alcanzar un
nivel de conciencia mayor.
| Eugene Gendlin |
La propuesta experiencial de Eugene Gendlin: Lo que la caracteriza es que cualquiera sea el procedimiento, siempre se desarrollará en referencia a la experiencia de la persona. Toda técnica que se use es sólo una herramienta, lo fundamental es siempre la relación terapeuta-paciente, pues el encuentro con el otro es el camino más poderoso hacia el cambio.
Gendlin habla de la terapia como un “encuentro relacional”, en el que lo
más importante es la presencia, en tanto esto ocurra la relación puede ser
llevada adelante.
Esta
psicoterapia no se ajusta a la “sociedad” ni a la “realidad” sino que “lleva
adelante las incipientes posibilidades implícitas a las que la
persona se ha visto obligada a renunciar bajo diversas presiones y miedos
(Gendlin, 1973, 1997)
El espacio psicoterapéutico pretende generar un encuentro auténtico entre
dos existencias, entre dos mundos, a partir del cual puedan descubrirse las
esencias, avanzar en el proceso de
llevar adelante la experiencia y ser cada vez más “uno mismo”.
Resultados:
- Desatasca y moviliza los aspectos detenidos de la experiencia,
que generan rigideces, repetición y sufrimiento, para dar paso a la
fluidez y el movimiento de la vida.
- Se aprende un nuevo modo de relacionarse con uno mismo y las
circunstancias vitales, por difíciles que éstas sean (amabilidad,
gentileza).
- Desarrolla la capacidad de contactarse con el mundo interno a
partir de la conciencia corporal.
- Desarrolla la capacidad de “acompañarse” en cualquier situación
problemática o conflicto, disminuyendo el temor a las emociones que suelen
experimentarse en estos casos (no invadirse).
- Desarrolla la habilidad para guiarse en cualquier situación, a
partir de la propia sabiduría del ser, mediante la conciencia corporal y
conexión con el mundo interno, facilitando así la toma de decisiones y
fomentando la responsabilidad personal en las distintas experiencias
vitales.
- Disminuye los estados de confusión que surjen a partir del
excesivo uso del pensamiento racional (en desmedro de la sabiduría
corporal), disminuyendo también el agotamiento que produce el ruido
mental.
- Permite ser cada vez ser más uno mismo, en la medida que
fomenta la conexión con el verdadero ser interno y permite dar pasos de
acuerdo a su guía.
- Amplía la conciencia.
- El cambio se nota en la conducta y en la vida.
"La
enfermedad es vivir en la rutina, con valores ajenos, sin haber estado nunca en
contacto con la vida que fluye dentro de cada uno, sin haber sentido la
complejidad de la propia experiencia de donde surgen las alternativas". Eugene Gendlin,
1973
El movimiento humanista no habría alcanzado su dimensión terapéutica y vivencial sin las aportaciones de destacadas psicólogas:
Laura Perls: Cofundadora de la Terapia Gestalt junto a su marido Fritz Perls y Paul Goodman. Su enfoque integró la teoría organísmica, el cuerpo y el contacto directo, centrando el trabajo terapéutico en el presente y la autonomía del paciente.
Virginia Satir: Considerada la madre de la terapia familiar sistémica y humanista. Pionera en tratar el núcleo familiar como un todo, se enfocó en la autoestima, la comunicación interpersonal clara y el potencial innato de cada ser humano.
Charlotte Bühler: Psicóloga del desarrollo humanista cuyo enfoque del ciclo vital fue pionero. Investigó la creatividad, el crecimiento personal y la autodeterminación, destacando la autorrealización como el motor fundamental del individuo a lo largo de toda su vida.
